MONTALVO EN GUAYAQUIL Por Elías Muñoz Vicuña
Revista
Diners Ecuador, Julio de 1989 N°86
Año X
El 17 de enero de 1989 se recordó el primer
centenario de la muerte de Juan Montalvo. Durante el presente año, los pueblos
del Ecuador han hecho actos recordatorios y han realizado el elogio del maestro
Montalvo fue un luchador, muy pocas veces
recibió aplausos y homenajes. Entre esas oportunidades está el recibimiento que
le hizo el pueblo de Guayaquil el 6 de Septiembre de 1876, cosa que el escritor
agradeció con un mensaje a la ciudad, en el que le daba consejos políticos.
Consejos inútiles, pues el 8 de Septiembre, el general Ignacio de Veintimilla
se proclamó dictador y, ante una nueva actitud de Montalvo, lo apresó y
desterró.
Guayaquil que por su desarrollo económico y
comercial, vivía mirando a los otros continentes, congenió con Montalvo que
traía de Francia las ideas cosmopolitas, universales,
lo que él llamaba la "civilización moderna", que era la necesidad de
crear las condiciones materiales y espirituales para el desarrollar el país,
encadenado aún por los rezagos del sistema colonial.
En 1889, en París, murió Montalvo. Lo
rodearon guayaquileños en número predominante. ¿Quiénes eran esos
guayaquileños? Gente como Clemente Ballén, "grandes cacao" que vivían
en Francia gozando de la renta de la producción cacaotera, de la cual nuestro
país era el principal productor del mundo, con un 20% de la producción total
del planeta. Ellos también eran liberales, pero desde el ángulo comercial, y a
veces cultos como en caso del mencionado Clemente Ballén.
Hacia la Patria
Los funerales recibieron el acompañamiento de
estas personas. Y no fueron solamente funerales corrientes, sino que se
procedió a su embalsamamiento para que se conserven sus restos hasta hoy. Sus despojos fueron trasladados inmediatamente a la patria,
por resolución de la Sociedad Liberal Republicana de Guayaquil, presidida por
el Dr. Juan Emilio Roca, al mismo tiempo Rector de la Universidad de Guayaquil.
El cadáver llegó a Guayaquil y se le levantó
una capilla ardiente en la Bomba "Unión" en los días 11 y 12 de Julio
de 1889, haciendo la guardia de honor los estudiantes de Jurisprudencia,
Medicina y Filosofía, pues, aún cadáver Montalvo levantó la oposición de las
autoridades del gobierno de Antonio Flores Jijón, y de la Jerarquía de la
Iglesia Católica. Sin embargo, Montalvo pudo ser enterrado en una bóveda del
Cementerio Católico (hoy Cementerio General), por la fuerza del Liberalismo y
de la Universidad de Guayaquil.
Su cadáver fue depositado en la parte central
del cementerio. Años después, en sus vecindades estarían los monumentos
funerarios de Vicente Rocafuerte, Olmedo y más personajes de la ciudad. En
1921, en una bóveda colocada a su lado, se depositarían los restos que habían
quedado de la inmolación de Eloy Alfaro. Montalvo permaneció e esa bóveda desde
Julio de 1889 hasta abril de 1932, 43 largos años. El Municipio de Ambato, con
la firma de Juan Benigno Vela, agradeció el gesto de Guayaquil, que tenía un
alto valor político dado el hecho de que en ese momento los conservadores (los
"progresistas") detentaban el poder.
Surge una pugna
Cuando se cumplió el siglo de su nacimiento,
en 1932, y cuando por resolución de la Asamblea Nacional de 1928-1929, se
habían ordenado honores a Montalvo, incluida la construcción de su Mausoleo,
Ambato pidió el traslado a esa ciudad de sus restos.
Pero el Comité del Centenario de Juan
Montalvo constituido en Guayaquil y encabezado por los escritores Adelaida Velasco
Galdós, Carlos Alberto Flores y José de la Cuadra, el
7 de marzo de 1932 le pidió al Municipio de Guayaquil que declare a Juan
Montalvo, hijo adoptivo y predilecto de la ciudad, en virtud de ser el
más grande de nuestros literatos y el mayor defensor de las libertades de
nuestra patria. Esta resolución fue adoptada por el Consejo Cantonal el 11 de
marzo, declarando a Juan Montalvo: gloria del Ecuador, lumbrera de la
América Hispana y blasón de la Humanidad. El acuerdo lo firman J.M. Chávez Mata, Fausto E. Rendón, Agustín Freire, Tomás
Carlos Moreno, Miguel E. Castro y Cesáreo Carrera.
El mismo día, el Consejo Cantonal de
Guayaquil adopta otra resolución, la de que "Guayaquil en cuyo
nombre las trajo (las cenizas) de París, en 1889, la Sociedad Liberal Republicana,
considera que tiene cabal derecho para guardarlas, cerca de las de Eloy Alfaro,
con la veneración que merecen tan sagradas reliquias". Y declara a
continuación que "Guayaquil sabrá tributar culto de amor y de profundo
respeto a las cenizas de su hijo adoptivo y predilecto, el ínclito don Juan
Montalvo, de generación en generación."
Ante la negativa del Consejo Cantonal de
Guayaquil de permitir el traslado de las cenizas y ante la insistencia, como no
podía ser menos, de la Provincia de Tungurahua, el Dr. Alfredo Baquerizo
Moreno, encargado del poder ejecutivo en esos días, y que como presidente de la
República había declarado la fecha de nacimiento de Montalvo como el Día del
Maestro, se sintió suficientemente autorizado para interponer sus buenos
oficios ante el Consejo Cantonal de Guayaquil y conseguir que esta ciudad ceda
ante la petición y se efectúe el traslado, como una página más de unión y
fraternidad entre dos pueblos hermanos.
El 16 de marzo, el Consejo Cantonal de
Guayaquil atendió al decretó del 12 de Abril de 1929 de la Asamblea Nacional,
al pedido del encargado del poder Ejecutivo y al deseo de la Provincia de
Tungurahua, "Se resigna a entregar a la Ilustre Municipalidad de Ambato, y
por ella a la Comisión que designe, los restos del egregio ecuatoriano Juan
Montalvo. La entrega se efectuará en el salón Máximo del Palacio Municipal de
esta ciudad, donde se erigira una capilla ardiente y
las reliquias del Maestro serán colocadas en una urna de mármol, envueltas en
la bandera del 9 de Octubre".
El gesto de Guayaquil fue reconocido y
agradecido, entre otros, por el nieto de Montalvo.
Montalvo en Ambato
El cadáver de Montalvo, que no sus cenizas,
fue sacado de la Tumba, trasladado por estudiantes universitarios, con los
honores de las fuerzas armadas y el pueblo, y desde el Salón Máximo del
Municipio de Guayaquil fue trasladado a Ambato.
Guayaquil sigue recordando de generación en
generación a Juan Montalvo. Tiene dos Monumentos en la ciudad. El suyo es uno
de los retratos del Museo Municipal y del Salón Máximo de la Universidad;
calles, colegios y escuelas llevan su nombre. Por supuesto que todos los
pueblos del Ecuador le rinden homenajes a Montalvo, singularmente su lugar
natal.
Hay, sin embargo, quienes discuten los
méritos de Juan Montalvo como escritor y como político. Yo me atengo a la
opinión del escritor José de la Cuadra que en el acuerdo del Comité del
Centenario, dice que es el más grande de nuestros literatos. Así mismo, me
atengo a la opinión del dirigente sindical Agustín Freire Icaza que en la
resolución del Consejo Cantonal de Guayaquil, dice que Montalvo es "Gloria
del Ecuador, lumbrera de la América Hispana y blasón de la Humanidad".
Fuente: Biblioteca Elías Muñoz
Vicuña
Levantamiento de Texto: Fernando
Muñoz I.