LA
PRIMERA SOCIEDAD OBRERA DE
AUXILIOS
MUTUOS FUNDADA EN GUAYAQUIL
Por
Camilo Destruge

Foto Camilo Destruge,
página 99, tomada del libro "Guayaquil a la Vista". Que ha sido
reeditado por la Muy Ilustre Municipalidad de Guayaquil dentro del Proyecto de
Rescate Editorial de la Biblioteca Municipal, a cargo de la Dirección de
Cultura y Promoción Cívica que dirige el Arq. Melvín
Hoyos Galarza. (2002).
I
Señores:
Si es incuestionable que la Historia es fuente de saludables enseñanzas para los pueblos, si es muy cierto que en esas páginas que contiene y hacen perdurables los sucesos de todas las épocas, se puede observar la evolución de la humanidad, sometida en todo a la ley natural del Progreso; quiere decir que allí debemos investigar los orígenes de cuantos problemas se ofrecen al estudio de la sociedad moderna, para la comparación del pasado y el presente, que ofrece vasto campo de consideraciones y conduce a conclusiones de alta importancia sociológica, dignas de la mayor atención.
Suele suceder que los historiadores tropiecen en sus investigaciones con documentos referentes a ciertos asuntos que de pronto, no llaman la atención; y se les pasa por alto, no se les toma en cuenta; quedan a un lado, y continúan en la condición de inéditos... Esto sucede cuando los investigadores van sólo en busca de asuntos ruidosos, de aquellos que conmovieron a los pueblos; de sucesos relacionados con la política y la guerra, con las grandes calamidades o los grandes crímenes, que forman en conjunto una historia sensacional. Entonces se mira con indiferencia lo que, en la apariencia sencillo, es la alta significación en la vida de los pueblos, en el desenvolvimiento, en el desarrollo de su condición, en el mejoramiento de sus instituciones.
Pero cuando el cronista o el historiador comprende que las mejores enseñanzas de la Historia se encuentra en el estudio de la evolución social, entonces busca con avidez esos al parecer detalles insignificantes que se convierten en material precioso para señalar el desenvolvimiento progresivo de las instituciones.
Y así es como, señalando el punto inicial, avanza gradualmente hasta la actualidad, y anota, etapa por etapa, los avances, los adelantos, los perfeccionamientos de cualquiera de aquellas instituciones sociales.
II
Todos contemplamos hoy, con patriótica satisfacción, cómo el espíritu de asociación, cómo el convencimiento de los beneficios que se desprenden de la acción colectiva, han encaminado a nuestros obreros a constituirse en sociedades que aumentan día a día, y a confederarse para una labor de mejoramiento; noble propósito, elevada misión dignificadora.
Pero ¿nos preocupamos de indagar en el pasado las primeras manifestaciones de esta tendencia a la asociación como medio de beneficio mutuo?
¿Conocen nuestras clases obreras de hoy, los hechos que, en un pretérito lejano dieron la vida a las primeras asociaciones obreras?
Cuando se ha querido hacer la historia de esas asociaciones, quienes se ocuparon de ello, apenas si remontaron su referencia a días que pertenecen al presente; sin retroceder hasta los primeros años de nuestra vida de pueblo emancipado.
Y, sin embargo, es en aquellos años donde debe comenzar la investigación.
Si hemos enseñado a nuestros obreros la historia de esa grandiosa epopeya de la Emancipación; si les hemos referido los hechos gloriosos de la Independencia; si les hemos hecho conocer a los Próceres que nos dieron la Patria libre, a los hombres que heroicos, abnegados, nos conquistaron una nacionalidad propia, ¿por qué descuidamos de decirle, de enseñarle cuáles fueron los efectos inmediatos de esa independencia, de esa emancipación en las clases trabajadoras?
Y, sin embargo, no puede ser más elocuente en su enseñanza ni más significativo en cuanto a su origen, el primer acto de asociación de obreros para un objeto de protección mutua.
Humilde, de lo más humilde fue el origen, el primer acto de asociación de obreros para un objeto de protección mutua.
Humilde, de lo más humilde fue el origen; humilde y de la más modesta condición social, fueron esos primeros asociados. Pero ¡cuán grande, cuán hermoso su pensamiento !Cuán nobles sus aspiraciones! Tanto como admirable su acción, tanto como humanitaria y redentores los fines de esa sociedad!
III
¿Quién que no conozca en sus detalles la historia de la Esclavitud de los hombres de raza africana traída a la América, no se siente profundamente conmovido, al rememorar la tristeza de esa escandalosa injuria a la Humanidad y a la Civilización?
¿Quién que recorra las páginas de los anales de la Esclavitud, no protestará y se indignará, por las crueldades cometidas con los infelices reducidos a tan triste condición?
Y por lo mismo, ¿cómo no bendecir la memoria de quienes procuraron suavizar esos rigores, de quienes, más humanos, tuvieron caridad para los míseros esclavos?
Debe ser para nosotros título de orgullo, poder afirmar que Guayaquil se apartó del sistema de crueldad inaudita de que eran víctimas los hombres reducidos a la esclavitud. Porque, en efecto, la condición de los esclavos no fue tan dura entre nosotros: hallaron compasión en sus amos y el noble sentimiento de humanidad, que fue siempre uno de los distintivos de todas nuestras clases sociales, influyó poderosamente para hacer menos penosa la vida del esclavo.
Y no sólo esto, sino que dio un paso decisivo para levantar el nivel y mejorar, más aún, la condición de esos mismos esclavos. Se les permitió aprender y ejercer diferentes oficios y disfrutar del producto de su trabajo.
Muchos esclavos se convirtieron en artesanos, en obreros hábiles. Y convertirles en obreros era darles dignidad, era redimirlos, porque el del obrero no el trabajo de la servidumbre infamante bajo el látigo del caporal; sino el trabajo del hombre libre, para el sostenimiento de su existencia libre.
Ya veremos cómo esa noble concesión de los amos, dignificadora de los esclavos, fue con el tiempo el origen de la más hermosa concepción redentora; ya veremos como esos esclavos elevados a la noble condición de obreros, dejaron una bella página para la historia de las sociedades gremiales.
Y sí debemos hacer justicia a los elevados sentimientos de los propietarios de esclavos, que con tanta nobleza procedieron . tenemos también que bendecir a los hombres que, después de darnos patria libre, no quisieron que en el seno de esa patria libre hubiera esclavos, porque, si la esclavitud era una injuria a la humanidad, resultaba también una monstruosa contradicción con la libertad conquistada.
El nombre de Bolívar es el primer nombre augusto que invoca la mente ante la emancipadores de esclavos de la antigua y gloriosa Colombia, como el nombre de Urbina se ofrece a la veneración de los ecuatorianos, porque fue el que, con mano firme, que obedecía a un gran corazón, rompió las últimas cadenas de la esclavitud.
Bolívar, con sus decretos de 1821 y 1828, quiso completar su obra redentora.
Urbina, al suscribir la ley del 25 de Julio de 1851, firmó la página de su inmortalidad; completó nuestra existencia republicana.
IV
El decreto sobre la emancipación de esclavos expedido por el Congreso de Colombia, resultaba deficiente en la práctica. Lo exiguo de los fondos de manumisión dilataban los resultados y hacían casi ilusoria la idea redentora.
Y era necesario, era indispensable hacer algo que fuera inmediatamente eficaz, algo que asegurara los efectos de la libertad para los esclavos.
Surgió entonces otra idea, hermosa, llena de generosidad, idea admirable la idea de redención del esclavo por el esclavo mismo.
Ya sabemos que a los esclavos de Guayaquil se les permitía ejercer diversos oficios, eran carpinteros, sastres, albañiles, etc. Y podían gozar libremente del producto de su trabajo.
Se reunieron, discutieron, se entendieron, unificaron sus actos, concentraron sus ideas en una sola idea salvadora y reunieron sus esfuerzos para una sola nobilísima empresa.
De allí nació la primera Asociación de obreros en Guayaquil, fundada en 1822. Esa fue la primera página escrita en nuestros anales por la acción colectiva de los artesanos; esa la primera manifestación del esfuerzo común del obrero para una obra humanitaria.
Ya de acuerdo en todo y resuelto a la realización de tan bella idea, elevaron una solicitud a la primera autoridad provincial, documento precioso que se conserva en nuestros archivos, documento de oro, reliquia sagrada que os presento con satisfacción Miradle ... y escuchad atentos su lectura porque es la evocación del pasado; reminiscencia de la época heróica; eco sagrado de la voz del obrero que demandaba libertad y dignificación, cuando acababamos de conquistar la independencia .... escuchad lo que decían aquellos obreros confederados.
"Sr. Intendente: Una comunidad de hombres cautivos, ante U.S., humilde y respetuosamente, y como más haya lugar en derecho, comparecemos y decimos: Que, siendo natural en toda criatura el amor a la libertad en nosotros es tanto más vehemente, cuanto es casi más positiva y dolorosa nuestra cautividad; por lo que ha concebido nuestro estólido entendimiento, un arbitrio excelente, a nuestro parecer, para extinguir muy breve y, fácilmente la indecorosa esclavitud; sin que sea de extrañar que no estemos satisfechos, aunque si agradecidos, con piadosas y beneméritas disposiciones de recursos y fondos, decretados en favor de nuestra libertad por el sabio Congreso y Legislación que nos gobierna.....
"El arbitrio que hemos resuelto es el siguiente: Todo cautivo de oficio y de trabajo procurará economizar uno o dos reales diarios de lo que gane, con el objeto de llevarlo a la caja - fondo de libertad y cada dos domingos entregará otros tantos reales cuantos días tiene la semana. Si en la primera o segunda semana, se encontrasen ya quinientos o más pesos, inmediatamente se dará la libertad con ellos, a uno o dos cautivos, de los más necesitados, de alguna virtud o mérito, por suerte o como hermanablemente se resuelva, o la superioridad nos ordene. Allí tiene U.S. en menos de un mes, dos o tres individuos libres, con el dinero de contado y sin el gravamen de nadie, ni aun el gravamen de nosotros mismos, porque ese real economizado, no es otro que el que se hubiera disfrutado el mismo día de ganado, de no ingresar a esta contribución voluntaria.
"Se recogen los boletos de la esclavitud, y se van depositando en la caja y no darlos a cada dueño, mientras no se liberte hasta el último de los contribuyentes; para que, entre tanto, siga ayudando, con la misma contribución que antes, aunque esté ya en libertad.
"Como podemos pasar de quinientos los convenidos para esta asociación no dudamos de que se logrará dos o tres cada semana. Y aún el deseo de abreviar, hará talvez que se economice más del real asignado; hará, así mismo, que sigan los demás nuestro ejemplo; y que, los que no puedan hacerlo, aprovechen para sí del Estado; al que exoneramos por nuestra parte de este gravamen, aunque quedando agradecidos, como si hubiéramos recibido su beneficencia.
"No se deben presumir por nuestro sabio Gobierno los fraudes y desórdenes de ninguna especie, lo primero, porque ofrecemos hacer nuestras reuniones en algunas de las plazas y con el respeto debido al público, y lo segundo, porque U.S., en nuestro apoyo y beneficio, puede ordenarnos las fórmulas que debemos practicar, nombrar los síndicos de su superior agrado, o confirmar por tales al ciudadano Policarpio Lazo, al que nosotros proponemos para el arreglo de nuestros libros de cuentas en unión de Francisco Rosi y Bernardino Arboleda, que son nacionales y de nuestra confianza; y, sobre todo, imponernos, por el menor desorden que se note, la pena más aflictiva, la suspención de la licencia o los castigos correccionales al delito ...."
Esta solicitud llevaba las firmas de Francisco Rosi, Bernardino Arboleda, José María Máximo, José Chavarría, Simón Camba y José Ignacio Cortazar; todos obreros, que encabezaron la Sociedad de Auxilios Mutuos, y que por lo tanto, deben ser considerados históricamente como los iniciadores de las instituciones obreras en Guayaquil.
La solicitud que hemos dado a conocer, pasó a manos del Libertador, que por entonces se hallaba en Guayaquil, ocupado en la organización de esta Provincia, recientemente incorporada a la República de Colombia. El 29 de Agosto despachó Bolívar, de manera favorable, la petición de los modestos obreros; quedando fundado, después de algunos trámites el Banco o Caja de Ahorros de la naciente sociedad; y los resultados fueron de la mayor importancia en cuanto el fin de la asociación.
Y he allí que el noble esfuerzo de una colectividad de obreros, convirtió en hombres libres a centenares de esclavos, he allí que una idea altamente humanitaria se convirtió en hermosa realidad...
¿Qué era cada uno de esos hombres considerado aisladamente? ¿Qué podía por si sólo en benéficio propio, y menos aún en beneficio de los demás?
.- Y sin embargo, reunidos todos, constituyeron una fuerza poderosa, de gran utilidad para cada uno y para la colectividad.
Es así como, reunidas las pequeñas energías, consolidadas las voluntades, agrupados los más modestos elementos, acumulados los más insignificantes recursos, llegan a formar un todo que constituye fuerza y respetabilidad.
Y ved cómo esos primeros obreros asociados dieron un alto ejemplo en cuanto a sacudirse de uno de los hábitos más perjudiciales que hasta hoy subsisten en nuestra colectividad ciudadana; esa costumbre de esperarlo todo de la acción oficial, sin ensayar nada, sin iniciar nada, sin hacer nada que produzca y haga sentir la acción propia, la acción de los individuos para el provecho público.
Esos hombres de 1822 pensaron acertadamente al decirse: EL Estado no puede hacerlo todo de una vez, porque las atenciones del Estado son muchas y variadas, ayudemos al Estado en la obra redentora y nos habremos ayudado y beneficiado a nosotros mismos.
Y al nacer tan acertada idea, al concebir tan exacto principio sociológico, surgió el problema sobre el medio de darle forma efectiva.
Entonces, como consecuencia lógica de un sano propósito, se reveló una sana inspiración, fundada en un principio económico moralizados; el ahorro individual para la formación de un capital común.
Lo que se ha de malgastar, lo que cada uno ha de emplear en futilesas o en la satisfacción de un hábito pernicioso, o de un vicio funesto, reservémoslo, se dijeron, para una obra salvadora; para la obra de nuestra dignificación. No dediquemos nada a nuestras debilidades y nos sacudiremos de ellas. Entonces seremos más dignos de la libertad.
Todos pensaron lo mismo; y la unidad de aspiración, resolvió el problema de la asociación para el auxilio mutuo.
Y debemos repetirlo y tenerlo muy presente: centenares de cautivos debieron su redención, su estado de hombres libres, a su propia iniciativa, al propio esfuerzo, a la acción conjunta de los asociados.
Nuestras clases obreras deben, pues, señalar en sus anales el año 1822 como el inicial del movimiento social de su significación, y deben consagrar la memoria de la sociedad primera que estableció el ahorro para el auxilio mutuo y anotar los nombres de arboleda, Máximo, Chavarría, Camba y Cortazar, como los representantes de la primera colectividad obrera de Guayaquil.
He allí, señores, el pasado; el punto de partida, la acción inicial. Fijemos en él nuestra atención, y sigamos luego el movimiento evolucionista, a través de las épocas, hasta llegar al presente.
En medio de las convulsiones políticas que casi sin solución de continuidad agitaron a nuestra Patria, no dejan de producirse, aunque aislada, tímidamente al principio, algunas iniciativas de asociación. El fracaso más o menos inmediato, anula el esfuerzo ciudadano, por de pronto; pero no mata la idea; porque la idea es indestructible y el espíritu de asociación es la ley natural, creadora de la familia y de los pueblos... no todos los esfuerzos habían de resultar estériles; y allí tenéis el ejemplo admirable de la Sociedad Filantrópica del Guayas... Estudiad su historia, y veréis cómo, fundada por un núcleo de ciudadanos empeñados en dignificar a las clases obreras, pasó por las más arduas pruebas, tuvo que vencer los mayores obstáculos, para continuar su labor salvadora... y Vedla hoy, próspera, grande, fuerte, constituida en verdadera providencia de las clases obreras; asegurando el porvenir a millares de modestos hijos del pueblo!...
FUENTE: Revista "La Aurora", director Agustín A. Freire, publicación mensual, popular, ilustrada, editada en Guayaquil desde 1916. El documento que damos a conocer se publicó en el N° 9 de Diciembre de 1916, en las páginas 146 - 147 - 148 - 149 y la segunda parte salió en el N° 10 de Febrero de 1917, en la página 172.
El rescate de este valioso documento para la historia del movimiento obrero ecuatoriano corresponde al profesor ALEJANDRO GUERRA CACERES.