Foto de Enrique Gil Gilbert (1968), (en la foto original esta acompañado de Pedro Saad y Elías Muñoz Vicuña). Tomada del libro "Masas, Luchas, Solidaridad" de Elías Muñoz Vicuña, Colección Movimiento Obrero No. 8. Publicado por la Universidad de Guayaquil.

  EL MALO

Por Enrique Gil Gilbert 

 

Duérmase niñito

Duérmase por Dios;

Que allí viene el cuco

Ahahá! Ahahá!

 

Y Leopoldo elevaba su destemplada voz meciéndose a todo vuelo en la hamaca, tratando de arrullar a su hermanito menor.

Er moro!

Así lo llamaban porque hasta muy crecido había estado sin recibir aguas bautismales.

 

-Er moro! Jesú, que malo ha de ser!

-I nuá venio tuabía la mala pájara a gritajle?

Iz que cuando uno es moro la mala pájara pare...

-No le saca los ojitos ar moro.

 

San José y la Virgen

fueron a Belén

a adorar al niño

i a Jesús también.

María lavaba

José tendía

los ricos pañales

que el niño tenía,

ahahá, ahahá

 

I seguía meciendo. El cuerpo medio torcido, más elevada una pierna que otra, sólo la más prolongada servía de palanca mecedora. En los labios un pedazo de nervio de res: el "rompe camisa".

Más sucio y andrajoso que un mendigo, hacía exclamar a su madre:

Ahora su papá y su mamá se habían ido al desmonte. Tenía que cocinar. Cuidar a su hermanito. Hacerlo dormir, cuando ya esté dormido, ir llevando comida a sus taitas. I lo más probable era que recibiera su cueriza.

Sabía sin duda lo que le esperaba. Pero aunque ya el sol "estaba bastante paradito", no se preocupaba de poner las ollas en el fogón. Tenía su cueriza segura. Pero bah!

Que era jugar un ratito? Si le pegaban le doldría un ratito y .. nada más! Con sobarse contra el suelo, sobre la yerba de la virgen...

Y viendo que el pequeño no se dormía se agachó; se agachó hasta casi tocarle la nariz contra la de él.

El bebe, espantado saltó, agitó las manecitas. Hizo un gesto que lo afeaba y quiso llorar.

Pero el mui sinvergüenza en lugar de dormirse se puso a llorar.

I empleaba todas las razones más convincentes que hallaba al alcance de su mentalidad infantil.

El mal bebe no hacía caso.

Recurrió entonces a los métodos violentos.

Cogiólo por los hombritos y lo sacudió.

I más y más lo sacudía. Pero el bebe gritaba y gritaba sin dormirse.

 

Agú! Agú! Agú!

 

I le parecía bonita la destemplada y nada simpática musiquita.

Vaya! Qué gracioso resultaba el muchachito, así, moradito, contryendo los bracitos y las piernitas para llorar.

Si él tuviera senos como su mamá, ya no lloraría el chico, pero... Porqué no tendría él?

...I él sería cuando grande como su papá...

Iría...

 

- Agú! agú! agú!

Carambas si todavía lloraba su ñaño!

Lo bajó de la hamaca.

I la Chepa se alejaba murmurando.

Vieja Majadera! Venir a buscar gallinas cuando él tenía que hacer dormir a su ñaño y cocinar... I ya el sol "estaba más paradito que endenantes".

Que gritón el muchacho! Ya no le gustaba la musiquita. I se puso a saltar alrededor de la criatura. Saltaba. Saltaba. Saltaba.

I los ocho años que llevaba de vida se alegraron como nunca se habían alegrado.

Si había conseguido hacerlo callar, lo que pocas veces conseguía... I más todavía, se reía con él... con él que nadie se reía!

Por eso talvez era malo.

Malo? I que sería eso? A los que les grita la lechuza antes de que los lleven a la pila, son malos... I él dizque le había gritado!

Pero nadie se reía con él.

No te ajuntes con er Leopordo.- Había oído que le decían a los otros chiocos.- No te ajuntes con ese qués malo!

I ahora le había sonreído su hermanito. I diz que los chiquitos son angelitos!

I saltaba y más saltaba a su alrededor.

De repente se paró.

Lloró. Agitó las manos. Lo mismo había hecho el chiquito.

Tornaba los ojos de uno a otro lado.

I se asustó. El diablo debía estar en el cuarto.

Sus ojos se abrieron mucho... mucho... mucho.

Tanto que de tan abiertos se le cerraron. Le entró tanto frío en los ojos! I por los ojos le pasó al alma.

El chiquito en el suelo y él viendo:

Sobre los pañalitos... una mancha como de fresco de pitahaya...no ... si era... como tinta de mangle... y salía y salía... qué colorada!

Pero ya no lloraba.

No, ya no lloraba. Que le había pasado? Pero de donde cayó el machete? El diablo.

I asustado salió. Se detuvo apenas dejó el último escalón de la escalera.

I si su mamá le pegaba? Como siempre le pegaban ...!

Volvió a subir... Otra vez estaba llorando el chiquito...

Si, si estaba llorando... Pero cómo lloraba! Si casi no se le oía!

-Oí! Como se ha manchao! I qué colorado! Qué colorao questá! Si toito se ha embarrao!

Fue a deshacerle el bulluco de pañales, con las puntas del indice y del pulgar los cogía: tanto miedo le daban!

Eso que le salía era como la sangre que le salía a él cuando se cortaba los dedos mientras hacía canoitas de palo e balsa.

Eso que le salía era sangre.

Allí estaba el diablo...

El diablo. El diablo. El diablo.

I bajó. No bajó se encontró sin saber como, abajo. Corrió en dirección "al trabajo" de su papá.

I corría.

Lo vio pasar todo el mundo.

Los hijos de la Chepa. Los de la Meche. Los de la Victoria. Los de la Carmen. I todos se apartaban.

I se quitaban.

Pero él no los veía.

El diablo...su hermanito...como fue?

El diablo... El malo. El... El que le decían el malo!

Llegó. Los vio de lejos. Si les decía le pegaban... No él les decía...

I avanzó:

Mama! Taita!

I lloró asustado. I vio:

El diablo

Su hermanito.

El machete.

Ellos adivinaron.

I corrieron. El asustado. Ella llorosa y atrás Leopoldo con un espanto más grande que la alegría de cuando su hermanito le sonrió!

Para todos paso como algo inusitado ver corriendo como locos a toda la familia.

Algunos se reían. Otros se asustaban. Otros quedaban indiferentes.

Los muchachos se acercaban y preguntaban:

Hablaban por primera vez en su vida al malo

I se apartaban de él.

Lo que decía!

I subieron todos y todos vieron y ninguno creyó en lo que veía. Sólo él -el malo- asustado, tan asustado que no hablaba -cosa rara en él- desgreñado, sucio, hediondo a sudor, miraba y estaba convencido de que era cierto lo que veían.

I sus ojos interrogaban a todos los rincones. Creía ver al diablo.

La madre lloró.

Al quitarle los pañales vio con los ojos enturbiados por el llanto lo que no hubiera querido ver...

Pero quien había sido?

Juan el padre, explicó: como de costumbre él había dejado el machete entre las cañas... él, nadie más que él tenía la culpa.

No ellos no lo creían. Había sido el malo. Ellos lo acusaban.

Y la vieja Victoria, bruja y curandera, arguyó con su voz cascada:

Leopoldo como última protesta:

Todos hacían cruces.

Había sido el malo. Tenía que ser. Ya había comenzado. Después mataría más.

Se alejaban del malo. Entonces él sintió repulsión de ellos. Fue la primera vez que odió.

I cuando todos los curiosos se fueron i quedaron solos los cuatro, María, la madre, lloró. Mientras Juan se restregaba una mano con otra y las lágrimas rodaban por sus mejillas.

María vió al muerto... Malo Leopoldo, malo! Mató a su hermanito, malo! Pero ahora vendría el político y se lo llevaría preso...Pobrecito. como lo tratarían? Mal porque era malo. I con los brutos que eran los de la rural. Pero había matado a su hermanito!! Malo, Leopoldo, malo...

Lo miró. Los ojos llorosos de Leopoldo se encontraron suplicantes con los de ella.

La vieja Victoria subió refunfuñando:

María abrazó a su hijo muerto... I el otro? El Leopoldo?...No, no podía ser!

Corrió, lo abrazó y lo llevó junto al cadáver. I allí abrazó a su hijo muerto y al vivo.

El machete viejo, carcomido, manchado a partes de sangre, a partes oxidado, negro, a partes plateado, por no se qué misterio de luz, parecía reírse.

 

1930