Retrato de Juan Montalvo en el Paraninfo Simón Bolívar de la Casona Universitaria (Calle Chile # 900 ) de la Universidad de Guayaquil.
LOS NIÑOS
Por Juan Montalvo
Los niños son en la tierra lo que las estrellas en el cielo; inocentes, puros, brillantes. Si así como distinguimos con la vista esos cuerpecillos luminosos que están estremeciéndose en el firmamento, oyéramos su voz, ¡Cuán suaves, cuán delicados acentos fueran ésos! ¿Lloran, ríen las estrellas en la bóveda celeste? Es la suya una melancólica alegría; pero cuando se las contempla despacio y con amor, parece que están saltando de placer en el regazo de su gran madre naturaleza. Así son los niños: si el hombre no pasara de cierto número de años, fuera quizá un ser tan puro y amable como el ángel. El vulgo piensa que el llanto de un niño ahuyenta al demonio: ésta es una profunda malicia filosófica que atribuye a la infancia cierto poder de divinidad, el mismo que tiene aquel cuya mirada disipa las tinieblas. La casa donde no hay niños es triste, solitaria, casi lúgubre: si el crimen no habita en ella, desgracias y lágrimas no faltan. Un sabio dice que el hombre que se teme a sí mismo o vive atormentado por los fantasmas de la imaginación, procure tener consigo un niño. ¿No es éste el ángel de la guarda? Nada puede en defensa nuestra un ente como ése tan ignorante y desvalido; y con todo, en una vasta sociedad, una densa oscuridad, yo no sintiera miedo, teniendo un niño en mis rodillas.