PORTOVELO
Por RICARDO A. PAREDES
(DEL LIBRO "ORO Y SANGRE EN PORTOVELO")
El Campamento minero llamado de Portovelo donde se explotaban varios minerales, principalmente aurífero, pertenece a la South american Development Co., poderosa Compañía Norteamericana, filial del poderoso trust cuyo soberano es Valderbildt.
Portovelo, la minúscula ciudad Campamento, no es sino el centro de la explotación minera que se extiende en el Cantón Zaruma, situado en la Provincia de El Oro, en la Costa Sur del Ecuador.
Las minas de oro de Portovelo fueron seguramente conocidas y explotadas por los indios aborígenes. Los Incas explotaron seguramente lavaderos y probablemente mineral aurífero en Zaruma. Todavía subsisten nombres quichuas de lugares de Zaruma puestos por los Incas, entre ellos Curipamba, o sea llanura de oro. Se cita que cuando Atahualpa fue preso por los españoles, y aquel ofreció un rescate en oro y plata para su libertad, el distrito de zaruma iba a ofrecer al Inca un cuantioso tesoro; cuando se supo que el Monarca de los Incas había sido ejecutado por los españoles, los indios escondieron el tesoro.
Durante la colonia Zaruma llegó a ser un distrito minero de gran importancia, fueron explotadas numerosas minas, y cuenta la leyenda que en la famosa mina "Sexmo" los españoles encontraron láminas de oro puro que pesaron 3 onzas y que fueron obsequiadas al Rey de España.
En los primeros años de la República la minería decayó, como toda la industria colonial. Sin embargo hacia 1877 se estableció en Zaruma una compañía minera chileno-ecuatoriana, que fracasó; luego se establecieron compañías nacionales, casi todas las que cedieron sitio a la Compañía Inglesa "The Zaruma Gold Mining Company Limited". También se estableción una Compañía Francesa, hasta que en 1896, quedó, casi exclusivamente entos auríferos y de las obras ejecutadas para explotar el mineral, la "South American Developmento Co." (que subsiste hasta hoy). En adelante denominaremos SADC a esta Compañía, por sus iniciales.
Es innegable que la SADC ha empleado grandes capitales y un esfuerzo tenaz hasta estabilizar la explotación minera, pero la sangre ecuatoriana ha corrido también a torrentes en los campos de Portovelo.
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El Campamento minero llamado de Portovelo, abarca no solamente la población de este nombre, sino que se entiende en un vasto territorio en el Cantón Zaruma (situada a 1.200 metros sobre el nivel del mar) abarcando pequeños ramales de la cordillera andina que forman valles y laderas, en una de las que se asienta la minúscula población de Zaruma, enclavada en un triángulo formado por los ríos Calera y Amarillo.
La villa de Portovelo, edificada en una montañuela, está a 600 metros sobre el nivel del mar. Disfruta de un clima subtropical cuya temperatura fluctúa entre 18 y 28 grados centígrados, con dos estaciones "verano" (tiempo seco), e "invierno" (tiempo lluvioso) de casi igual duración. Variantes bruscas de la temperatura en un mismo día o en días sucesivos, constituyen uno de los factores del clima, desfavorables a la salud.
El Campamento está dividido en tres partes claramente delimitadas y que circunscriben las habitaciones de tres categorías diferentes de pobladores. En lo alto, en "El Castillo", se levanta orgullosa la Gerencia y a su alrededor las habitaciones de los altos empleados yanquis; más lejos el Hospital de Curipamba. El campamento americano es sagrado y los ecuatorianos no pueden penetrar en él sino por motivos muy precisos. Sus casitas son alegres, limpias y rodeadas de jardines. Más abajo se levantan, modestas, las casas de los empleados nacionales, y al pie, las humildes habitaciones de los obreros. Grandes caserones de madera, rígidos y de colores obscuros, divididos en minúsculas habitaciones, que, por término medio, tienen las dimensiones de 3 metros de ancho por otros tantos de largo y de alto, circuídas de estrechos corredores, constituyen las viviendas de los obreros. Casetas más pequeñas, aisladas, trepan por las polvosas laderas, adaptándose a las desigualdades del terreno; se alinean en planos superpuestos, subiéndose a ellos por callejuelas, sucias, tortuosas, sin otro pavimento que los desperdicios de todo género que allí fermentan hasta semanas enteras puesto que la Policía Sanitaria del Campamento lo constituyen, las más de las veces, los cuervos que por allí pululan.
De trecho en trecho se levanta, aislado, a manera de perrera, un pequeño edificio que es el excusao, provisto de un pozo ciego o de un desagüe abierto que va a parar en el río. Posiblemente la mano del barrendero, pasa por allí muy de tarde en tarde. Son los W.C. de los mineros, muy alejados de las habitaciones, que carecen de servicios higiénicos. Hay también lavanderías, mercado público y unos cuantos almacenes de particulares. Una proveeduría, o almacén de víveres, vestidos y otros objetos de consumo y hay un hotela viajeros, un restaurante o comedor y un gran dormitorio colectivo, una iglesia, dos edificios para clubes sociales, dos escuelas, campos deportivos, complementan la parte del Campamento dedicada al uso de los habitantes, siendo todos propiedad de la SADC.
Portovelo es el centro de las actividades industriales del Campamento: allí está el "Pique Americano" que es un túnel perpendicular provisto de ascensores y que da acceso a un conjunto de galerías superpuestas en sentido horizontal, en número de once con nueve "Niveles" útiles. El "Pique Americano" se hunde más de trescientos metros bajo la superficie del suelo. Las galerías o minas perforando las entrañas de la tierra, a lo largo de las vetas de cuarzo aurífero, se bifurcan en ramales que serpentean en el subsuelo, pasan bajo el lecho de ríos y quebradas, ascienden por los declives de las montañas para abrir sus bocas en algún lugar de la superficie. Las minas forman así una colosal ratonera donde una multitud humana pulula cubierta de andrajos, guiándose a las tinieblas con la luz de sus mecheros de carburo.
En Portovelo está la planta metalúrgica o "molino" donde es tratado el cuarzo para la extracción de los metales, y constituído por el molino de trituración; la planta de cianuración y los tanques donde cae el precipitado metálico formado de oro, plata, cobre, zinc y plomo. Allí están los talleres de mecánica, de fabricación de gas, de madera, planta eléctrica, aserrío de madera y carpintería, fábrica de hielo, tanque de provisión de agua, etc.
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Formando una especie de apéndice del Campamento está el Barrio "Machala", contigua a aquél. Está constituído por un conjunto de casas de particulares, viejas y desaseadas las más. Allí vive un buen número de obreros y pequeños comerciantes y un buen contingente de prostitutas. "Osorio" es otro pequeño caserío más alejado aun de Portovelo, habitado por obreros y pequeños comerciantes.
Como "Osorio", hay una serie de pequeños caseríos o casas aisladas, no pertenecientes a la SADC y donde viven el resto de los trabajadores que no encuentran alojamiento en el Campamento. Otro contingente numeroso de obreros viven en Zaruma o en las poblaciones aledañas.
En lo que respecta a los campos que rodean a Portovelo, puede observarse que la tierra es yerma, estéril, en parte por la escasa humedad del terreno, ya que las minas hacen la labor de desecación del suelo. Los campos más alejados de la explotación minera recobran su aspecto semitropical. Pero aquí la agricultura es raquítica, gran parte de los campos están convertidos en pastos para el ganado mular que abunda para el servicio de la SADC. Más lejos están los bosques que surten de una de las materias primas más indispensables para el trabajo de minería: la madera.
El campamento minero se comunica con Zaruma y con Piñas, las poblaciones más inmediatas, por buenos carreteros, con Loja por un carretero no terminado aun. De Piñas hay que seguir adelante, por un pésimo camino al lomo de mula, en forma primitiva e incómoda, hasta la conexión en Piedras con el pequeño ferrocarril que se conecta con Puerto Bolívar, al mar.
Hay que advertir que la Compañía estubo obligada por contratos con el Gobierno, primero a hacer un camino de herradura de Portovelo a Santa Rosa, que no lo ejecutó sino en parte, y luego a cooperar a la construcción (con material ferroviario) del ferrocarril de Puerto Bolívar a Loja, que tampoco lo cumplió sino en parte.
LOS HABITANTES DEL CAMPAMENTO MINERO
La mayoría de los empleados de la Compañía son extranjeros, especialmente yanquis, habiendo unos pocos nacionales. La casi totalidad de los obreros son nacionales, habiendo unos cuantos blancos, la mayoría mestizos y unos pocos indios.
El término medio de obreros y empleados al servicio directo de la SADC es de 2.000, aumentando el número de trabajadores en el época lluviosa en que intensifican los trabajos por aumentar el caudal de agua que mueve las turbinas eléctricas, fuerza motriz esencial para el trabajo de muchos talleres y servicios. El número de obreros disminuye en la estación seca. Alrededor de 3.000 personas entre campesinos proveedores de maderas, arrieros, comerciantes y sirvientes, viven fundamentalmente de sus negocios o servicios con la SADC.
No existe una estadística completa del número de habitantes involucrados en las distintas categorías de trabajadores: obreros, campesinos, arrieros, comerciantes, etc., directamente ligados a la SADC. Solamente tenemos cifras relativas a los habitio Campamento, es decir en las casas de la Compañía. En el interesante trabajo que en el boletín del Instituto de Previsión Social (Nos. 2, 3, 4, no acabado aún) está publicando el Dr. López Sáa, hay algunos datos que iremos utilizando en el curso de este estudio. Aunque el presente trabajo, en líneas generales fue confeccionado con mucha anterioridad al del Dr. López, he podido completar algunos detalles merced al referido estudio, en el que hay que alabar su laboriosidad y método, pero no siempre la exactitud. Además el Dr. López parece se ha puesto lentes de color de rosa al estudiar la situación de los mineros y sus conclusiones chocan con sus propias observaciones, frecuentemente, como lo probaremos a tiempo. Cuando utilice los datos del referido informe añadiré simplemente los siguientes signos (L) para abreviar.
"El núcleo central de Portovelo con sus anexos de Soroche, Faique y el Castillo tiene 3.074 habitantes que, en comparación de los 3.230 obtenidos en un censo practicado por el Departamento de Superficie de la Compañía, arrojan una diferencia de 156 correspondientese al movimiento de población flotante y de entrada y salida de trabajadores. En estas cifras no están comprendidos todos los trabajadores de la Compañía; constan los que viven en casas de la Empres, quedando muchos que habitan en anejos al Campamento, como Machala, Perú, Osorio y algunos que tienen su residencia en Zaruma y que diariamente se trasladan a pie o en autobus, al lugar de trabajo. Los 3.074 habitantes recopilados se dividen en la siguiente forma: 2.179 corresponden a los que viven en familia de los cuales 1.076, o sea un 49.38%, son niños menores de 15 años, lo que constituye un porcentaje muy elevado" (L).
"Los demás, o sea 905, corresponden a solteros que viven independientemente" (L). El promedio de habitantes por familia es de 6,3 (L). Aunque no he encontrado datos exactos sobre la proporción de habitantes, por familia de los obreros de la SADC que viven fuera del campamento, a base de la cifra antes anotada y calculando por lo menos en 700 el número de obreros que viven fueran del campamento, de los cuales la mayoría son casados, según pude observar personalmente estudiando el género de vida de éstos; se podría suponer que el total de habitantes que componen la población obrera de la SADC que habita fuera del campamento, alcanza al número de 2.700. Sumando a los habitantes del campamento se tendría un total de 5.774 habitantes. Siendo aproximadamente 3.000 el número de personas entre campesinos, comerciantes y más gente en relación directa con la SADC y suponiendo que de éstos la mitad sean casados o sean jefes de familia, se puede calcular que el número de habitantes que integran este grupo alcanza a la cifra de 9.000 personas. O sea, íntimamente ligados a la SADC viven 14.774 personas. El campamento minero es un minúsculo Estado dentro del Estado Ecuatoriano.
De los habitantes del Campamento 587 son mujeres, o sea 19% de la población total; de éstas, 320 casadas (L).
En 1936 nacieron en Portovelo 187 niños. La mortalidad infantil en el primer año de vida es de 41,4%. Pero la natimortalidad, o sea los niños que nacen muertos en Portovelo, alcanza a la espantable cifra de 25,83% (comprendiendo los abortos). Posiblemente esto está ligado al gran desarrollo de la sífilis en el campamento (L).
Habiendo en el Campamento 49,38% de niños, 30,90% de jóvenes hasta la edad de 30 años y 16,61% de personas mayores de esa edad; entre los habitantes agrupados en 356 familias con un total de 3.074 habitantes; y de 83,6% de jóvenes hasta de 30 años de edad y 15,2% mayores de esa cifra, entre los 905 solteros; se nota claramente la preponderancia de niños y jóvenes. Apenas había (1937) en el Campamento 69 individuos (2,8%) hasta de 50 años y 6 (0,31%) mayores de 70 años. En parte se explicaría esto porque los individuos mayores de 40 años, especialmente los mineros, emigran o vuelven a sus lugares de origen (L). Pero hay que decirlo claramente, tan monstruosa desproporción entre los adultos mayores de 30 años, de un lado, y de otro los niños y jóvenes, se debe a la terrible mortalidad de los obreros de Portovelo víctimas de innumerables enfermedades, sobre todo de la tuberculosis, como veremos más adelante. Es decir, que en Portovelo, los individuos tienen una vida muchos más corta que en la genealidad de los otros lugares de la República. Si tenemos en cuenta que el campamento minero de Portovelo no es solo Portovelo, sino que hay que abarcar también a las poblaciones que surten de materia prima (madereros, arrieros, etc.), y las que dan la materia prima viviente: Zaruma, Cuenca, Loja, Saraguro, Oña, Nabón: etc., y dado este índice vital tan bajo la creciente difusión de la tuberculosis, cuyo foco es Portovelo, se comprende fácilmente la progresiva degeneración de nuestra raza de las provincias del Sur ecuatoriano.
EL TRABAJO EN EL CAMPAMENTO MINERO
No entraré a la descripción de la forma de trabajo en los distintos servicios de la SADC con excepción del que se efectúa en las minas. Es precisamente en el interior de las galerías donde reinan las más deplorables condiciones de trabajo, en donde la vida del obrero se desgasta con la misma velocidad con la que el barreno del minero va corroyendo la roca aurífera; se diría que la roca perforada, mina a su vez la salud de su enemigo: el obrero.
La extracción del mineral aurífero se efectúa en el interior de una serie de galerías o "niveles", de los cuales 9 están en explotación. Estas galerías provistas de estrechas aberturas se ramifican sinuosamente por kilómetros de extensión formando una verdadera ratonera. Los niveles comunican entre sí por una galería vertical provista de un rústico ascensor: el "Piqué Americano" y por los "rebajes" y "chimeneas" destinadas a facilitar el trabajo. Los obreros penetran a las galerías, bien por boca-minas o descienden por el "Pique Americano", sumándose los que trabajarán en los últimos "niveles", a más de 300 metros bajo la superficie. Las galerías están alumbradas con luz eléctrica solamente en determinados sitios especialmente en las "estaciones", en el resto de las galerías reinan las tinieblas y sólo, de trecho en trecho, las lámparas de carburo de los mineros disipan aquellas.
El minero, el hombre que trabaja en el interior de las galerías, es de los obreros de la SADC, el que soporta con mayor intensidad el peso del trabajo. Forman la legión más numerosa de proletarios al servicio de la SADC. Divididos en "Equipos", trabajan ocho horas seguidas, alternándose en una labor que no cesa en ninguna época del año. Al entrar encasquetado en su sombreiejo vestido, el obrero se hunde en las entrañas de la mina. Todavía en las estaciones el minero disfruta de un poco de luz y de aire y la temperatura, es soportable; pero a medida que se interna en el tétrico intestino, formado por el mismo subsuelo, aire y luz disminuyen y el calor crece. La ventilación artificial que se efectúa en las minas es completamente insuficiente, desigual: a trechos sopla un aire frío que destempla su cuerpo sudoroso, más allá el aire es denso, cargado de malos olores donde se mezclan el anhídirdo carbónico de la respiración de hombres y animales y de la combustión de las lámparas de carburo con los gases de la explosión de la dinamita y el polvillo sutil de la roca barrenada, o que se esparce con las explosiones de la roca. La ventilación, que en las minas es la clave de la salud de los obreros, en su conjunto es mala. Sin adecuada ventilación, el oxígeno escasea, abundando el anhídrido carbónico, que impide una normal ventilación pulmonar, dificultando la hematosis, provocándose una intoxicación crónica, aumentada con los gases deletéreos de la dinamita y los malos olores de las putrefacciones del lodo mezclado con las deyecciones de los huéspedes de las minas y los cadávers de las cucarachas. He aquí una causa permanente de anemia para los mineros y de debilitamiento de su salud, que le predispone a múltiples enfermedades, especialmente a las pulmonares.
La desigualdad de la temperatura en el interior de las minas, con cambios violentos, que uncas veces sofocan al minero dificultándole la respiración, en tanto su cuerpo se cubre de sudor, aun estando en reposo; mientras que a ratos un chiflón de aire frío provoca una refrigeración violenta de su piel que determina profundos cambios fisiológicos anomales que le causan numerosas enfermedades por enfriamiento, especialmente gripes, pulmonías, tuberculosis pulmonar, vuelven extremadamente penosa la labor del minero.
Hay galerías donde la temperatura sube a 40 grados centígrados, provocando un calor sofocante. En otras, como la "Cantabría", el calor es de 36 grados, se suma una atmósfera densa, cargada de gases mortíferos, pues allí convergen múltiples pasadisos que vierten sus gases tóxicos, en la funesta galería, que es un lugar de castigo que la Empresa reserva para los obreros "rebeldes".
Como es de suponer, la humedad reina en el interior de las galerías, tanto más cuanto más bajas están, habiendo algunas que descienden bajo el lecho de ríos y quebradas que filtran agua por todas partes. Por el suelo, corren las aguas mezcladas con desechos de hombes y animales, en tanto que del techo cae sobre los obreros una agua lodosa y caliente que pudre sus vestidos.
El maquinista barrena la roca, empapado en sudor, chorreando lodo. El calor de la mina es tan intenso que, sentado, en la inmovilidad, suda a chorros. De vez en cuando exprime su camisa para volvérsela a poner húmeda y melosa. La sed le agobia y toma incesantemente el agua caliente y malsana que fluye de un llave a la que pegan los labios resecos los ávidos obreros, que a veces tosen, arrojando un esputo sanguinolento, sembrando el gérmen de la tuberculosis.
El trabajo de los maquinistas, que trabajan con barrenos, algunos de los que son movidos por aire comprimido, se apoyan sobre su pecho, determina una comprensión pulmonar, un traumatismo constante, que seguramente entra en juego pra el desarrollo de las enfermedades pulmonares.
El obrero, que coloca la mecha en la roca barrenada, huy antes que estalle la dinamita, pero en no pocas veces la explosión le sorprende en el camino, y, hombres y rocas, son pulverizados,sangre y oro se mezclan en la trágica faena. Otras veces, el minero que no pudo correr con suficiente velocidad, escapa a la explotación, pero los gases nitrosos de la dinamita le persiguen y cae sin sentido, o es presa de la "borrachera de gas", que no pocas veces termina con un vómito de sangre: testigo o anuncio de la tuberculosis pulmonar.
El enmaderador entra en juego. Tiene que asegurar las rocas para que no se desplomen, formando una bóveda con troncos de madera. Trabajo sucio y peligroso: sobre él fluye el agua inmunda de la bóveda, y pisa constantemente en el lodo; las cucarachas que van y vienen, en largas procesiones, por las paredes, le caen sobre la cara, sobre los hombros, causándole escozor. Forzando exageradamente su columna vertebral, tenso el abdomen el enmaderador forma la bóveda de madera, pendiente siempre sobre el peligro. A veces el peritoneo, tendido exageradamente, se rompe, y la hernia surge, rebeld ey sórdida.
En tanto el mineral, acarreado por el motorista o la escuálida mual, se aleja por las galerías. Las mulas que no parecen en el interior, al salir a la superficie, después de meses de una aciaga existencia, esqueletizadas y semiciegas, arrastran todavía unos pocos días más su ya despedasada existencia.
Al finalizar su "guardia" de ocho horas, los obreros, calientes y sudorosos, sucios y hambrientos, salen al ambiente, chocando muchas veces con un viento frío que los destempla. Se los ve salir por pelotones, negros y fatigados; en la noche desfilan como unas luciérnagas,y perdiéndose en sus pequeñas y míseras habitaciones.
Ojos benignos los del Dr. López, delegado del Instituto de Previsión Social, que en tal trabajo dice "no es peligroso si el obrero tuviera cuidado al proceder con sus tareas". Y de las minas van a parar a los intestinos de los obreros una variedad de parásitos, la anemia los debilita, la gripe, la tuberculosis, la neumonía, las hernias, los aniquila; la muerte los asecha después de cada disparo.
En los trabajos que se efectúan en la superficie, los obreos no estan exentos de peligro. En el molino de trituración del cuarzo los accidentes no son raros. Durante mi permanencia en Portovelo un obrero pereción triturado por una máquina, y un jefe y un obrero escaparon de perecer. En la planta metalúrgica, en donde se extraen los metales del mineral, los trabajadores están expuestos a la intoxicación por la cal, y sobre todo por el cianuro de potasio, veneno de los más terribles, cuyos residuos arrojado al Río Amarillo van a impurificar el agua que bebe la gente que habita más abajo del Campamento. Los accidentes tóxicos agudos en este servicio son frecuentes y de carácter violento, y las intoxicaciones crónicas no son raras. En la plant generadora de gas de madera, en el laboratorio químico, los obreros están también expuestos a la intoxicación por gases y metales tóxicos, sin embargo de lo cual se sostiene que "No existe peligro alguno aquí" (L).
La lucha tenaz de los obreros les dio la jornada de ocho horas; pero ocho horas de tan ruda labor, en un clima tan malsano, son excesivas; por esto los obreros de los países capitalistas luchas por obtener para el trabajo de minas la jornada de siete horas y en la Unión de Repúblicas Socialistas (URSS) existe la jornada legal de 6 horas para los mineros. la fatiga de la jornada para muchos mineros se agrava cuando viven a larga distancia del campamento a donde, en general tienen que trasladarse a pie.
Dado el jornal bajo de los obreros, en relación al costo de la vida, aquellos tienen que intensificar la labor o hacer sobretiempos de trabajo para ganarse un salario suplementario. La compañía ha establecido el sistema de "Primas" para estimular la productividad, especialmente en los maquinistas. En la época que estuve en el campamento se acostumbraba dar las "gratificaciones" que señalaremos al hablar del salario. Esta forma de trabajo intensificado, que no guarda relación con el ciudado que la SADC debe tener con la salud de los mineros, determinando un debilitamiento mayor en los mineros, los hace fácil presa de todas las enfermedades, especialmente de la tuberculosis.
La SADC ha impuesto siempre una disciplina de trabajo completamente inhumana. Para ella, el factor esencial es el aumento constante de la producción, sin importarle la vida de los obreros. Si bien ha realizado obras importantes de saneamiento del campamento y sostiene un servicio médido regular, esto lo hace en la medida que le permita, dentro de un régimen de economía, mantener en un estado de relativa salud a los mineros, que son mantenidos en el trabajo mientras su productividad sea satisfactoria a la SADC; pero, apenas ésta disminuye, el obrero recibe el conocido "descanso", temporal o definitivo, y casi siempre sin dar ninguna remuneración al trabajador. Así, multitud de obreros que habían trabajado por largos años contriuyendo a enriquecer a la compañía, son despedidos intempestivamente, y esos hombres que habían hecho una profesión exclusivamente, de mineros, se encuentran de repente en la calle, enfermos, sin profesión y tal vez sin hogar.
Merced a la lucha heroica de los mineros, sobre todo mientras los obreros estuvieron organizados en la Asociación Sindical Obrera (ASO) estos despidos inmotivados han disminuído de frecuencias. Pero, la SADC sabe buscar pacientemente sus momentos. Cuando el movimiento obrero crece cuando la indignación de toda la nación ecuatoriana le sañala con el dedo, se allana y cede. Pero en cuanto puede ejercer la represalia, lo hace violentamente y sin piedad. A raíz de la huelga de 1919 en el campamento de Portovelo, la compañía aceptó algunas de las reivindiaciones obreras; pero cuando los obreros odescuidados vieron asomar en el campamento las tropas que enviaba el gobiernos para defender a la SADC, los dirigentes de la compañía violando escandalosamente su compromiso con los obreros, sacaros a patadas del campamento a centenares de trabajadores, a los más rebeldes y a los más enfermos. La mano de obra, la materia plima humana, era abundante en las poblaciones sureñas, y la SADC lo sabía....
El señor ingeniero Alejandro Bueno, persona que no milita en ningún partido político y cuya honradez profesional es notoria, en su informe elevado al Ministerio de Minas, en la época en que actuaba como Inspector de Minas, al referirse a la falta de garantías de los obreros en la estabilidad en su trabajo se expresa: "4o. - Pero no son esas las únicas ocasiones en que se hace notoria la ausencia de garantías legales; la misma abnegación, honradez cumplimiento y tiempo de servicio, no son un respaldo para el trabajador; si no es la presunta enfermedad, una falta de escasa significación o el capricho de un subjefe, puede ser causa suficiente, en muchos casos para retirarle del trabajo, y por ende campamento en el que formó su hogar y vivió largos años radicado, condenándole ese modo a una dura peregrinación en busca de morada y de pan para los suyos, sin más profesión que la de minero. ¿Y que importan todas aquellas consideraciones cuando se trata de recordar el poder y absolutismo de la compañía? ¿Qué sentido tienen entonces la piedad, la justicia y la Ley? ¿El fallo de un dirigente tendrá que cumplirse sobre todo principio de humanidad y de conmiseración? Queden estas palabras del honrado ingeniero en el corazón de los mineros y de todos los ecuatorianos.
LA HEROICA LUCHA DE LOS MINEROS
La lucha de los obreros de Portovelo, circunscrita en los primeros años de existencia de la SADC a reclamos individuales, fue extendiéndose como sentimiento colectivo que se traducía en deseos de organización para alcanzar su mejoramiento.
La primera manifestación de la maduración de la conciencia de clase en los obreros de Portovelo y su concreción en lucha colectiva, tuvo lugar en julio de 1919, en que habiéndose colmado la medida de la indignación de los obreros por las horribles condiciones de existencia en que vivían, culminó con un movimiento huelguístico. En esa época, los salarios eran extremadamente bajos, bajísimo, las horas de trabajo sobrepasaban las 8 de ley, la forma de trabajo sumamente ruda, la asistencia médica era pésima, las viviendas y más servicios públicos peores que en la actualidad. El mal trato de palabra y obra a los obreros por parte de los empleados, estaba a la orden del día. Era la época en que el obrero nacional era considerado como un ente sufrido y estúpido de raza inferior, según los americanos del norte. La huelga se desarrolló con gran fuerza y cohesión, abarcando a la mayoría de los obreros y con la simpatía de la población de Zaruma (excluyendo los servidores de la SADC). La compañía se vio reducida a la impotencia y su soberbia fue doblegada, teniendo que aceptar el pliego de reivindicaciones de los obreros.
Después de la huelga, todo pareció volver a la normalidad. Sin embargo, la SADC que seguía difundiendo noticias alarmistas y exigiendo al Gobierno protección a sus intereses, obtuvo, de éste el envio de tropas con las cuales la SADC se sintió de nuevo soberana en el campamento y procedió a la expulsión violenta de todos los más activos elementos que participaran en la huelga y de los obreros enfermos: violando así escandalosamente su compromiso adquirido durante la huelga.
Pasaron muchos años antes de que renaciera el movimiento obrero en Portovelo. Hacia 1925, nos tocó desde las columnas de la "la Antorcha", que entonces dirigíamos, defender a los obreros de Portovelo y terciar en la defensa de algunos obreros despedidos por la SADC por enfermedad, sin darles indemnización alguna. Algunos intentos de organización sindical, hechos por los obreros, fracasaron siempre, por represión. Pero sólo el 12 de septiembre de 1934 los obreros de Portovelo lograron organizar la Asociación Sindical obreros de Portovelo (ASO) que inmediatamente entró a la lucha por los intereses de los trabajadores, encarando al mismo tiempo la defensa de los intereses nacionales y de su Soberanía, menguadas por la SADC.
Una lucha tenaz, revistiendo a veces caracteres de violencia se desencadenó entre la ASO y la SADC. Fue en la iniciación del Gobierno del doctor José María Velasco Ibarra, quien antes de ascender al poder, en una visita que hiciera al campamento minero, para conquistar popularidad, había hecho declaraciones de que protegería a los obreros, de que era necesario que se organizaran, que defendieran sus derechos, porque de lo contrario su Gobierno no encontraría ningún respaldo para su acción en beneficio de los trabajadores.
Pero los obreros, comenzaron bien pronto a convencerse de que las promesas de Velasco Ibarra no tenían ninguna consistencia. En vano el Inspector de Minas, ingeniero señor Alejandro Bueno, ponía de relieve en oficios y telegramas al Gobierno, de las horribles condiciones de vida de los obreros de Portovelo; en vano, con espíritu justiciero, quería mediar entre la SADC y la ASO, para que los trabajadores obtuvieran satisfacción a sus demandas en todo lo que tuvieran de justas. El único resultado a todo esto fue que la SADC pusiera en juego todas sus influencias políticas y sociales, que desplegara sus intrigas, realizando una serie de maniobras para destruir al Sindicato.
Tratando de amedrentar a la ASO, la SADC hizo apresar a uno de los dirigentes de aquella, el que era tenido por el más peligroso: el ex-obrero de esa empresa, Permañer, de nacionalidad española. Con este motivo se cometieron una infinidad de atropellos contra los obreros, y varios dirigentes del sindicato fueron despedidos del trabajo.
Las protestas de la ASO ante el gobierno fueron numerosas, siendo secundadas en varios lugares del país, especialmente en Guayaquil y en Quito, por múltiples organizaciones sindicales y el Partido Comunista Ecuatoriano, que ha sido el primero siempre en intervenir en defensa de los trabajadores de Portovelo.
Pero el gobierno del doctor Velasco Ibarra se hizo sordo ante tanto reclamo, olvidándose de las promesas que había hecho a los obreros. Más bien, perurgido por la SADC, cambió al inspector de minas señor Alejandro Bueno, quien a más de su leal defensa de los trabajadores ecuatorianos, estaba salvaguardando los intereses del Fisco, denunciando las maneras cómo la SADC eludía el control estatal de la producción aurífera y el pago cabal de los impuestos a la Nación. Esa conducta honrada y ejemplar, sólo aprobada por los trabajadores, fue para el gobierno el motivo de más peso para cambiar al recto funcionario. Así se premiaba a la honradez en esa época.
El Sindicato siguió luchando con toda energía durante algunos meses más. La SADC, que no se duerme en ninguna circunstancia, había puesto en juego una serie de recursos para dominar el movimiento obrero. El espionaje de la compañía había aumentado en grado sumo; esquiroles y agentes provocadores sembraban la alarma entre los obreros, tratándolos de lanzar a acciones precipitadas, sembrando la desconfianza entre los dirigentes de la ASO, intentando comprar a algunos de ellos. En los almacenes de la SADC se había decretado el boicot contra los obreros del Sindicato, que no podían comprar las mercancías. Amenazas de toda índole se difundían para sembrar el pánico entre los obreros y constantemente se amenazaban con despedir del trabajo a los miembros de la ASO.
Por su parte la ASO había logrado aumentar los efectivos, elevar la conciencia de clase y solidaridad entre sus afiliados, vincularse a los campesinos madereros y establecer relaciones de amistad con numerosas organizaciones obreras y campesinas de la República. El Partido Comunista hacía propaganda, como un problema nacional, la defensa de los obreros de Portovelo, los intereses fiscales vinculados allí y de la Soberanía Nacional, humillada por una compañía extranjera, consiguiendo interesar en esto a múltiples sectores de trabajadores manuales e intelectuales.
La ASO después de mucho insistir ante el gobierno alcanzó al final que éste nombrara una comisión que debía ir a estudiar las condiciones de vida de los trabajadores del campamento.
Después de esperar inútilmente que llegara la anhelada justicia a base de informe de la comisión, la ASO, comprendiendo que había sido engañada, dirigió el siguiente telegrama que copiamos:
"Portovelo junio 10 de 1935.
"Señores Presidente República, Ministros de Previsión y "El Día". Quito.- Asindicalobrera sesión ayer, resolvió dirigir siguiente telegrama: Confiados reiteradas ofertas apoyo y garantías organización sindical, con envío comisión, supo engañarnos habilidosamente para dar tiempo compañía reacciones contra nuestra, depositamos confianza ustedes y dimos voto gratitud. Como base garantice organización impetramos retorno trabajo desahuciados por sólo pertenecer asociación, según propia declaración compañía.- Ofreció señor proceder enérgicamente, pero lamentamos que descubierta justicia nos asiste, Jefe Estado, lejos ordenas, solicite por favor regrese trabajo y esto si compañía no tiene inconveniente. Ante tal procedimiento compañía continúa mayor fuerza abusos, extremo obligar formen contratos en que se renuncia derechos y se prohibe obreros pueden tener sus habitaciones íntimos familia, peor dar alojamiento extraños ni por poco tiempo.- Obreros reciben peor trato que antes, compañía envalentonada falta apoyo y sangrienta burla obreros.- Estas circunstancias oblíganos protestar altivamente y retirar confianza depositamos ustedes porque ofertas envío comisión únicamente servido para compañía comprenda está ampliamente amparada poderes públicos.- Obreros reconocemos cometimos error confiar apoyo Gobierno. Justicia no conseguiremos sino por nosotros mismos, apoyados nuestros hermanos retos país.- Dejamos constancia haber agotado todo medio legal para deslindar responsabilidades. Atentamente.- (f) Néstor Ordóñez, Secretario General".
El telegrama del doctor Velasco Ibarra "hombre de carácter" enemigo de los explotadores y de las trincas", a que alude el telegrama de la ASO, está concebido en los siguientes términos: "Para Portovelo.- Quito, Mayo 10 de 1935.- Señor Gerente Minas Portovelo.- Presidente solicita de usted favor reincorporar trabajo obreros León B. Aguilar, Víctor Vivar, Antonio Pacheco. Esto evitaría ulteriores dificultades a menos graves motivos Presidente agradecería acceder solicitud.- Muy Atentamente. Mosquera Lazzo, Secretario Presidencia".
La forma humillante como el Presidente de la República del Ecuador se dirige al gerente de una compañía extranjera, constituye un baldón para nuestra soberanía nacional menguada por la vergonzosa intervención de una serie de mandatarios que no supieron mantener la dignidad de nuestro país.
El Presidente Velasco pretendiendo contestar a los obreros ordenó que el Ministerio de Educación cediera dos becas para los hijos de los mineros de Portovelo, quienes comprendiendo el alcance de tal dádiva dirigieron el siguiente telegrama: "Señor Subsecretario del Ministerio de Educación.- Quito.- Asindical Obrera, señal protesta falta cumplimiento gobierno reiteradas ofertas garantizar sindical última asamblea, resolvió no aceptar beca ofrecida Escuela Artes Oficios. Obreros no aceptamos más engaños.- Refiérome suyo 7 presente.- Secretario General. (f) Néstor Ordóñez".
La contestación altiva de la ASO rechazando la dádiva con que se le quería contestar, es un ejemplo para los sindicatos que por una subvención o un halago gubernamental, traicionan sus propios intereses.
LA HUELGA DE LOS OBREROS DE PORTOVELO
Entre los dos grupos de dirigentes de la ASO habían surgido divergencias sobre el contenido del Pliego de reivindicaciones. Los unos propugnaban la confección de un extenso pliego de reivindicaciones que a los otros les pareció exageradas. En realidad los obreros tenían derecho a reivindicar no sólo lo que los más extremistas preconizaban sino todavía más; pero, evidentemente, dado el estado de fuerzas de la ASO, la división de éstas, y, de otro lado, el sólido apoyo que tenía la SADC en las autoridades locales y el Gobierno central, era inconveniente presentar demandas que no serían aceptadas. Fue un sincero error de táctica de los compañeros que impusieron un pliego de reivindicaciones tan amplio como el que fue presentado a la SADC.
El documento donde los obreros y madereros exponían sus demandas a la Empresa, fue presentado junto con una comunicación de la ASO en donde se llamaba la atención de la Compañía que si no eran atendidas las justas demandas de los trabajadores irían a la huelga. La comunicación de la ASO estaba fechada el 22 de octubre de 1935.
El mismo día de la ASO daba una respuesta arrogante a la ASO rechazando las peticiones de los obreros. Las razones que aducía la SADC para rechazar el pliego se fundamentaban en que, según ella, la ASO estaba impulsada por "desocupados y gente extraña" sedienta de explotación a los obreros y de venganza contra la Compañía; que a la ASO no pertenecían la gran mayoría de los trabajadores del Campamento; que la SADC atendía diariamente los reclamos de los trabajadores y cumplía las leyes de trabajo, y que no reconocería más organismos obreros en Portovelo que los que estaban bajo su tutela.
Al momento de la huelga la ASO agrupaba alrededor de la mitad de los obreros del campamento y tenía influjo sobre casi la totalidad de los inorganizados y sobre los madereros, en cambio las asociaciones patronales que protegía la SADC sólo contaban algunas decenas de obreros empleados, muchos de ellos, incondicionales de la compañía. La dirección de la ASO estaba en manos de obreros al servicio de la empresa o que en otro tiempo lo estuvieron. En cuanto a los fines que perseguía la ASO estaban claramente demostrados en su pliego de reivindicaciones, que no era de destrucción y matanza, de odio y venganza. Si los obreros proferían a veces violentadas diatribas contra la SADC, esto se justificaba ante todo por la forma despótica como eran tratados y porque ellos no tuvieron fina educación, como tal vez algunos de los altos empleados de la compañía, que usaban con frecuencia un trato poco edificante con los obreros.
En cuanto al cumplimiento de las leyes de trabajo por la SADC, era una afirmación tan falsa, cuanto que los obreros habían tenido que sostener largas y tenaces luchas para que se cumplieran tales o cuales disposiciones legales que les favorecían.
La verdad era que la SADC se creía suficientemente fuerte para aplastar a los obreros si la huelga se desencadenaba, puesto que en el campamento estaba un destacamento del Ejército del Ecuador al que halagaban los empleados de la compañía y los envenenaban contra los obreros; además, el señor Páez, Dictador y Aurelio Bayas Ministros de Gobierno, de seguro, les prometieron actuar con mano de hierro para aplastar a los trabajadores.
El contenido del pliego de reivindicaciones de los obreros consta en el anexo No. 1.
La guerra estaba declarada; el estallido de la huelga era cuestión de días. Alrededor de la oportunidad o inoportunidad de desencadenar la huelga en ese momento volvieron a surgir entre los dirigentes de la ASO serias divergencias. Las acusaciones de grupo a grupo, adquirieron caracteres de gran violencia, merced a las intrigas de los agentes de la SADC.
El 3 de Noviembre, días antes de que fuera decretada la huelga, el Teniente Coronel Diómedes Rodríguez, Inspector de Armas, "investido de toda autoridad por el Supremo Gobierno", para solucionar satisfactoriamente la huelga producida por la ASO, en un decreto que era un úkase, ordenaba no impedir el trabajo ni directa ni indirectamente, bajo penas severas, en el campamento. Las reuniones de la ASO debían tener su asentamiento; los fallos que dictare serían de carácter inapelable, tanto para la ASO como para la SADC. Establecía la censura telegráfica.
Las tropas acantonadas en Portovelo, haciendo frecuentes despliegues de fuerza trataron, ardorosamente preparando la huelga. El 8 de Noviembre la ASO comunicaba a la SADC que había decretado un paro parcial de trabajo en los sectores de trabajo no permanente y nombraba una comisión de su seno para que arreglara el conflicto con la SADC a la que apelaba una vez más con espíritu de concordia, pero éste estaba resuelto a no atender los reclamos y desechó toda posibilidad de solución del conflicto, a no ser con el sometimiento incondicional de los obreros.
El Sub-Indentente al que la ASO comunicó la resolución de huelga, no quiso tomar cartas en el asunto aduciendo que él se había opuesto a aquella medida.
Para el 8 de noviembre fue decretado un paro parcial de actividades en el campamento por la ASO. Sin embargo, estando una parte de los dirigentes en contra de esta medida se produjeron una serie de rozamientos entre los dos bandos que repercutieron en el ánimo de muchos obreros. Ese día se efectuaron repetidas reuniones de los miembros de la ASO, en tanto que los altos empleados de la compañía verificaban toda suerte de maniobras para impedir la realización de la huelga.
Los obreros, en la madrugada del 9 recorrían el campamento, invitando a la huelga a sus compañeros, para lo cual habían organizado algunos piquetes que efectuaban su propaganda en forma denodada desafiando a la fuerza armada que se había destacado contra ellos. Un grupo de 400 obreros fueron arrollados por la policía que apresó a los obreros León B. Aguilar, Víctor Vivar, Moisés Orellana (maderero), Ignacio Narváez, Andrés Alvarado, Manuel I. Coronel y Manuel Ambuludí. Para amedrentar a los trabajadores la policía hizo disparos al aire lanzando las mulas en que montaban contra la masa allí congregada. Pero estas medidas en lugar de acobardar a los obreros les enardecieron más; en gruesos pelotones se dirigían ya hacia la policía para libertar a sus presos, pero los dirigentes de la ASO comprendieron muy bien que la compañía había azuzado a los obreros para cometer actos de violencia y poderlos dominar luego por la fuerza por estos aquellos invitaron a sus compañeros a no precipitarse, lo que fue obedecido; evitándose quizá una masacre.
Los madereros adheridos al sindicato cooperaban activamente a la realización de la huelga destacando comisiones a los distintos lugares del campo donde era posible concentrar a los campesinos.
Los dirigentes de la huelga no habían descuidado buscar el apoyo de los trabajadores de Zaruma y del pueblo del cantón, para lo cual hicieron varias gestiones solicitando su ayuda.
Mientras tanto los ánimos de los obreros seguían exaltándose y entre los dos bandos de dirigentes se promovieron fuertes choques sobre la fecha en que debía estallar la huelga general; los unos (Secretario General, López, el Síndico doctor Jaya y otros) estaban porque se decretara para el 11 de noviembre, en tanto que los demás (Hermanos Vivar, León Aguilar, etc.) estaban por el inmediato movimiento huelguístico. Triunfaron los segundos y el paro fue decretado el 10 de noviembre, por resolución de unos trecientos miembros de la ASO, en medio de delirante entusiasmo.
El Sindicato de Madereros que se formaba en esa época, con su Secretario general Braulio Carrión, fue un factor decisivo, en el movimiento huelguístico.
El funcionamiento de los servicios mecanizados de la SADC dependen de la fuerza eléctrica que toma su energía de las turbinas movidas por corrientes de agua. La paralización del servicio hidráulico deja en suspenso los servicios mecanizados de la SADC. De ahí que los obreros con la experiencia de la huelga pasada cuya primer medida había sido suspender la provisión de agua a la planta eléctrica, intentaron en la huelga que estaba desenvolviéndose adueñarse de la compuerta para impedir el paso del agua. Pero los huelguistas no calcularon que las empresas capitalistas que siguen atentamente los movimientos de lucha de los obreros sabían tomar sus precauciones; y la SADC Empresa experimentada no podía estar con los ojos cerrados y con las manos cruzadas. La huelga debía provocar fuertes colisiones y tal vez dolorosas catástrofes.
La HUELGA GENERAL estaba en marcha. De las colinas y repliegues del campamento de Portovelo caldeadas por el sol del trópico, saliendo de las casas, de los talleres, surgiendo del fondo de las galerías, los obreros se ponían en marcha. Esos hombres, los mineros que diariamente realizan la pesada faena en medio del bullir de las máquinas, del rojo escarlata del metal fundido o en el interior tenebroso de las galerías en donde a cada minuto les acecha el peligro; esos héroes del trabajo productivo que crean la riqueza para los capitalistas extranjeros, mientras ellos irán languideciendo roídos por la tuberculosis en tanto que sus familias crecen con vástagos mal alimentados y raquíticos; esos hombres al parecer tan sumisos ayer iban elevándose del fondo de la tierra formando escuadrones intrépidos que iban a desafiar a la metralla. Ellos, acostumbrados a ser el primer actor del drama trágico entre el hombre y la roca aurífera, que vuela en las galerías al estallar la dinamita, en no pocas ocasiones junto a los miembros y vísceras despedazadas del minero, estaban ahora en la superficie audaces ante el peligro, intrépidos para la victoria.
En los lugares estratégicos, guiadas por los esbirros de la SADC las tropas estaban en acecho. La policía montada recorría el campamento haciendo alardes de fuerza. Pero el ánimo de toda la gente defensora del "orden" soldados y policías ecuatorianos se prestaba a satisfacer la venganza de una compañía extranjera que explotaba oro y vida ecuatorianos.
Por distintos sitios, creyendo dar un golpe sorpresivo, los obreros adelantaban hacia la compuerta para impedir el paso del agua hacia las turbinas eléctricas. Marchaban confiados y llenos de alegría portando el tricolor ecuatoriano. De pronto una descarga de fusilería les hizo retroceder atónitos. Frente a ellos, apostados en guerrillas soldados del "Febres Cordero" al mando del Teniente Cabrera, disparaban contra sus propios connacionales, azuzados por los esbirros de la compañía armados también. La sangre de los obreros ecuatorianos bañó los campos auríferos de Portovelo, sangre de héroes proletarios, próceres de la nueva libertad como lo fuera Febres Cordero, en la guerra de emancipación de nuestra República. Varios heridos, algunos gravemente, resultaron de este ataque sorpresivo a obreros indefensos; pero ellos prosiguieron bizarramente hacia adelante con la misma serenidad con que marchan todos los días a horadar la roca. Angel Morocho, herido gravemente, siguió avanzando al grito "Adelante muchachos, no tengan miedo, pero vayamos esparcidos". Ningún obrero portaba armas; su actitud se reducía a paralizar la planta eléctrica; ningún acto provocativo habían realizado los obreros contra la tropa; la masacre fue injustificada.
El tiroteo y la masacre en lugar de amedrentar a los obreros los enardecieron. Quienes estaban en actitud vacilante sin atreverse a sumarse a la huelga se precipitaron abandonando su trabajo para reforzar el pelotón que avanzaba hacia la compuerta. Los madereros avanzaron velozmente a apoyar a los obreros en tanto que de Zaruma los trabajadores se precipitaban al campamento acompañados de las autoridades, entre los que se contaban al Juez de Letras suplente doctor Modesto Peñaherrera, antes Síndico de la ASO. Núcleos de mujeres armadas de botellas de ají y de instrumentos de cocina, a falta de otras armas, se habían lanzado audazmente entre los soldados increpándoles su cobardía y obligándoles a gritar "Viva la Sindical" y a cesar los fuegos contra los obreros inermes.
Tal movilización permitió a los obreros apoderarse de la compuerta y paralizar la provisión de agua para la planta eléctrica, suspendiendo la fuerza motriz. El objetivo del movimiento estaba ganado por los obreros. Los dirigentes de la ASO destacaron entonces comisiones para resguardar el orden e impedir la fuga de los dirigentes de la SADC, a los que localizaron.
Viendo las posiciones dominantes de los obreros los dirigentes de la SADC convinieron en entrar en arreglos. A este efecto Peñaherrera, del Subintendente Capitán Bravo Zabala, del Comisario Nacional señor Néstor Romero, del Jefe Político Angel P. Sánchez, del Superintendente de la SADC R.P. Luke y de otro alto empleado, Paterson. La comisión convino con los obreros que estos permitirían la provisión de agua a la planta eléctrica, evitando así daños serios en las minas; en cambio los obreros nombraron dos comisionados más que en unión de los demás que había nombrado la ASO, entrarían a arreglar con la SADC las condiciones para la cesación del paro. Si la ASO no se convenía con las concesiones de la SADC, los obreros quedarían con derecho a suspender la provisión de agua y continuar la huelga.
En las oficinas de la SADC se constituyeron los comisionados de los obreros: Néstor J. Ordóñez, Secretario General, y los dirigentes Rosa Vivar, Salvador Romero, Miguel M. Capa, el dirigente maderero Braulio Carrión, y los trabajadores nombrados en la compuerta: Fortunato Quirola y Juan Meyer y el Síndico doctor Jaya. En nombre de la compañía actuaron el Gerente Mac Gonigle y el Superintendente Luke. En representación del Gobierno el Teniente Cabrera. Tan solo unas cuantas reivindicaciones del extenso pliego de peticiones de la ASO, fueron aceptadas por la SADC. Durante las tres horas y media que duró la conferencia entre los representantes de la ASO y la SADC ante el delegado del Gobierno, los obreros se mantuvieron firmes en sus puestos, llenos de valor y de la mayor abnegación.
De los heridos en el ataque antes relatado, el obrero Angel M. Morocho falleció. Carlos Vallejo, Benigno Morocho y Luis Salinas pudieron escapar de la muerte. El fallecimiento de Morocho, que como los demás obreros, es especial de los heridos había sido ejemplarmente heroica, tuvo la virtualidad de reafirmar en en los trabajadores su conciencia de clase y su decisión de lucha.
El señor Inspector de Trabajo del Litoral, Guillermo Baquerizo Jiménez, legó a Portovelo cuando la huelga había terminado. Sus gestiones de mediador entre la ASO y la SADC determinaron un compromiso de la última para atender unas cuantas reivindicaciones de los obreros a más de las conseguidas durante la huelga, pero que la compañía no debía cumplir sino en parte mínima. En los anexos de este libro consta el documento por el señor Baquerizo dirigió a la ASO.
Sobre la posición del Ministro de Previsión Social durante la huelga puede juzgarse por el documento anexo correspondiente.
Haciendo un balance provisional de la actuación de la ASO en la huelga de noviembre de 1935 se pueden sacar algunas conclusiones para el movimiento obrero ecuatoriano. Pero debo aclarar que aún no poseo suficientes elementos de juicio para juzgar en toda su amplitud la actuación de los dirigentes de la ASO y por esto mis conclusiones deben ser tomadas como provisionales.
La dirección huelguística se vio desde el principio debilitada por las luchas intestinas de los dirigentes. En estas luchas hay que ver ante todo divergencias de carácter táctico transformadas en agudas pugnas de bandos por cuestiones de carácter personal. Esto retrasó el estallido de la huelga dando tiempo para la llegada de las tropas.
La SADC introdujo agentes suyos para sembrar el desconcierto y recelo entre los dirigentes, y el pánico y desconfianza entre los obreros.
La falta de experiencia de los dirigentes, que les condujo a formular un pliego de reivindicaciones demasiado extenso, que aunque contenía reivindicaciones justas de los trabajadores eran de tal magnitud que la ASO estaba en incapacidad de hacerlas aceptar por la compañía.
La ASO no operó con suficiente habilidad para contrarrestar las maniobras divisionistas de la SADC.
Su táctica durante la huelga pecó, en parte, por precipitar cuando la toma de la compuerta, pues debió calcular que la compañía tomaría cuantas medidas fuesen necesarias para impedir tal acto.
EL TRÁGICO 18 DE ENERO DE 1936
La SADC no podía tolerar que los obreros hubiesen triunfado, siquiera en parte de sus reclamos, y que la autoridad de la ASO creciese. Para aplastar el movimiento obrero tenía meditado un plan que debía ponerlo en ejecución a poco de la huelga.
El día 18 de enero, sábado a las 11 p.m. dos ex policías que acababan de ser dados de baja en estado de embriaguez comenzaron a dar gritos de: "Viva la Sindica, Viva Larrea Alba"! La policía acudió a dominar el escándalo, y cosa singular, los borrachos pusieron en fuga a los policías ya en número más crecido y armados de ametralladoras, comenzando un baleo furioso contra los indefensos curiosos y contra los habitantes de las casas del barrio Machala, donde se efectuaban estos sucesos. De resultados de esta "refriega", resultaron tres muertos, entre ellos un niño de tres años, un adolescente de 16 años y seis heridos, contándose entre estos a la madre de la niña muerta que también debía fallecer. No hubo una mayor mortandad por cuanto los habitantes del barrio Machala, se habían refugiado pronto en sus casas, las que fueron acribillados a balazos.
Al día siguiente, la policía decomisaba los artículos de las cantinas y del barrio Machala, con excepción de uno de estos establecimientos pertenecientes a un conocido esbirro de la SADC. Fueron presos numerosos obreros y las persecuciones de toda índole se pusieron a la orden del día.
Anteriormente, a raíz de la huelga, habían sido apresados, expulsados del campamento y luego confinados a distintos lugares de la República, el Secretario General de la ASO, Néstor Ordóñez y el doctor Modesto Peñaherrera, que había sido su Síndico. Ahora los restantes dirigentes y miembros más prominentes de la ASO y del Sindicato de Madereros, estaban presos o perseguidos. Muchos fueron sacados del campamento, amarrados y conducidos presos a Guayaquil. Infinidad de obreros fueron notificados para abandonar el campamento y aun la misma provincia de El Oro, por convenir esto a los intereses de la SADC, la que aprovechó el estado de terror para despedir por centenares a los miembros de la ASO, escogiendo también a los obreros tuberculosos y gravemente enfermos. Toda clase de órdenes amenazantes y de disposiciones policiales fueron puestas en juego en Portovelo, para sembrar el terror. El campamento parecía pueblo conquistado y sometido a feroces retaliaciones.
El local de la ASO fue saqueado por la policía y los agentes de la compañía. A duras penas y en plena ilegalidad dicho organismo pudo reorganizarse, en tanto que la SADC, se afanaba por crear otro Sindicato de carácter patronal, sin éxito.
El comisario de Zaruma manifestó una gran rectitud y energía en esta emergencia y pasó al Gobierno un enérgico telegrama condenando la masacre, pidiendo tropas para impedir tanto atropello e inmediatamente instruyó el sumario criminal correspondiente. La respuesta del Gobierno Páez - Bayas, a esta conducta altiva y rectilínea, fue la destitución al Comisario...
Analizados desapasionadamente los acontecimientos se puede sacar las siguientes conclusiones: 1.- El escándalo promovido por los policías despedidos y que provocaron los acontecimientos, debe ser interpretados como una verdadera provocación policial destinado a justificar la masacre; prueba de ello es que los agentes enumerados quedaron ilesos y libres, en tanto que eran masacrados vilmente gentes inocentes, entre ellos niños y mujeres; 2.- Esta masacre estaba proyectada desde las altas esferas gubernamentales de acuerdo con los explotadores extranjeros; 3.- La población civil, lo mismo que los miembros de la ASO, no jugaron otro papel que de espectadores y de víctimas.
El 18 de enero de 1936 fue marcado en Portovelo por uno de los más cobardes e injustificados crímenes policiales y patronales, que se hayan cometido en el Ecuador.
DESPUÉS DEL CRIMEN
La historia es bien corta: represión sorda en Portovelo, falta de amparo a los trabajadores por parte de los poderes públicos. Ni en los momentos en que el país todo vibraba en defensa de sus derechos exigiendo a las compañías extranjeras respeto a la Soberanía Nacional y revisión de los contratos en beneficio de los ecuatorianos y en tanto que en el resto del país el nuevo gobierno del general Enríquez, daba amplias libertades ciudadanas, solamente en Portovelo, seguía pesando cruelmente, la mano de la represión sobre los trabajadores. Se dio el caso que mientras el Gobierno de Enríquez, se enfrentaba con la South American, las autoridades de Zaruma se permitían defender a la SADC, atacando los intereses del país.
El resultado de todo esto ha sido la destrucción de los organismo de defensa de los trabajadores y el crecimiento de la insolencia de la SADC.
Pero en los heroicos mineros de Portovelo, el espíritu de lucha no ha muerto,. en vano cantan victoria los explotadores extranjeros y sus esbirros nacionales; las asociaciones de los trabajadores resurgirán en día no lejano en forma potente para volver a luchar por sus derechos conculcados vilmente.