Vicente Rocafuerte. Reproducción del póster impreso por la Universidad de Guayaquil con motivo del bicentenario de su Nacimiento
1783 - 1983
Prólogo de Vicente Rocafuerte
A los
Indios Americanos
¡Desde estas tierras tan distantes, yo os saludo, amables hijos del Sol!
¡Pueda mi voz llevada por toda la extensión de los mares, y reflejada por tantos montes y riberas, llegar a vosotros tan clara y perceptiblemente como cuando se eleva en las márgenes del opulento Támesis!
Mis entrañas se han conmovido leyendo la oración, que en el Congreso Nacional (*) pronunció por vosotros un sensible Americano. Ni por su elocuencia, ni por su sabiduría tendrá quizá este discurso la celebridad, que en mi concepto merece su autor, sólo por decir la verdad con el juicio de un filósofo, con el calor de un poeta, con la sensibilidad de un hombre de bien, y con toda la libertad y energía que conviene a un Representante del Nuevo Mundo.
Esta lectura ha transportado mi alma a aquellos lugares, donde tantas veces os he visto sufrir males que mi imaginación recuerda con horror, que mi pluma se resiste a describir, y que apenas basta mi corazón para sentirlos.
¡Cuantos millares de millares de víctimas sacrificadas por la servidumbre mital! ¡Oh Filosofía! ¡Oh leyes! ¡Oh política de aquellos siglos bárbaros! ¡Oh Razón! ¡Oh Humanidad! ¡Oh Naturaleza!...
¿La avaricia no quedó saciada con la sangre de la conquista? ¿Era preciso sepultar en las entrañas de la tierra la mitad de los hombres que perdonó el primer ímpetu de su furor? Si, era preciso: y las enormes montañas de los Andes sentadas sobre bases de oro son hoy pirámides, en que duermen indignamente depositadas las cenizas de tantos descendientes de Reyes más poderosos que los de Asia, y más justos que los de Europa. Mas la libertad, la justicia y la humanidad parecen ir recobrando su imperio; y el congreso nacional acaba de abolir la servidumbre mital, y todas sus ominosas leyes.
¡Levantad, oh amables hijos del sol, levantad al cielo en vuestros dulces y patéticos yaravíes los nombres de vuestros representantes!
Recibid, en fin, este pequeño testimonio de amor hacia vosotros, de admiración a vuestras virtudes, de compasión a vuestras desgracias, y del tierno parabién que os doy por la solemne justicia que acaba de haceros la Nación.
Vicente Rocafuerte. 1812
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(*) _ Se refiere a las Cortes, en la época en que todavía España, dominaba en sus colonias de América formado una sola Nación con ella.
Fuente: Biblioteca del Dr. Elías Muñoz Vicuña.
Escaner: Daniel Dávila Toala.
Edición: Fernando Muñoz Iturralde.